Sapaníbal era tan Bárcida como sus hermanos. Tenia los ojos hundidos de Aníbal, la estatura y la frente alta de Hanón, la boca bien formada de Asdrúbal y la mente sensible de Magón.
Había soportado su tarea con la misma aplicación que se esperaba de sus hermanos. Tal vez por eso se había sentido desubicada, últimamente. Ya no estaba claro qué se esperaba de ella.
-¿Así que conoces el futuro igual que el pasado? En esta guerra nadie lleva todavía la victoria- dijo Sapaníbal.
-Exacto- replicó el capitán-. Precisamente por eso, el Consejo ha de llamar a Aníbal. Ojalá ya lo haya hecho-. Cuando el capitán se alejó, Himilice dijo: -Cartago no perecerá. Mi hijo no ha de vivir tal catástrofe. Así he de creerlo, o moriré de pena ahora mismo.
Himilice se interrumpió, mirando de soslayo, al tiempo que tomaba aire como para indicar que tal vez se estaba comportando como una estúpida; sin embargo, al cabo de unos momentos alzó la mirada.
-¿No amas a nadie hermana?- preguntó- ¿No hay nadie que te haga imaginar lo mejor del mundo que se avecina?
El primer impulso de Sapaníbal fue responder con desdén. ¿Sugería aquella pregunta que no era merecedora de amor? Pero al mirar a Himilice a los ojos entendió que no quería decir eso. Eran de color gris pálido, moteados con vetas de brillo metálico sobre un fondo blanco inmaculado, y la miraban con una bondad ta desnuda que quiso besarle los párpados. ¿Por qué su instinto siempre era calcular su lugar en el mundo como si estuviera en pleno combate? Tenía que dejar atrás aquellos pensamientos. ¿Y cómo había podido creerse superior a aquella mujer? Ella no sabía más que Himilice. No era más inteligente ni más fuerte y respondió con toda sinceridad.
-Hay un hombre-dijo
-¿Sí? ¿Y lo amas de veras?
-Nunca se lo he dicho- respondió Sapaníbal-, pero tal vez lo haga. Me llena de miedo, pero no es sólo miedo... -Ésta es la crueldad de Tanit- dijo Himilice-. Combina el amor y la pérdida de modo que siempre se encuentra bajo la piel del otro. Pero debes decírselo. Ve a su encuentro en la primera oportunidad que se te presente.¡Tenemos tan poco Sapaníbal! A nuestro alrededor, las cosas vienen y van, la gente vive y muere y nos matamos por detalles insignificantes. Hacemos tanto ruido en todo el mundo y ¿por qué? ¿Hay alguien feliz gracias a todo esto? ¿Quién? ¿Has sido feliz alguna vez?
-Hubo una época en que creía serlo- respondió Sapaníbal-, pero aquellos eran delirios.
Sapaníbal notó que los delgados dedos de Himilice le agarraban la muñeca.
-No! esos momentos eran verdad. El delirio es la confusión que creamos. Bien lo sé. ¿Cuál ha sido el precio que hemos pagado por todo esto? Lo que más deseo ahora es tener recuerdos nuevos como los antiguos que tanto valoro. Recuerdos como yacer acurrucada de mi esposo. En una ocasión, Aníbal me dio uvas poniéndoselas primero en la boca para que yo las tomase con mis labios. Aquello si era verdad...¿Lloras hermana?
Sapaníbal sacudió la cabeza con furia y se llevó los dedos a las lágrimas.
-La sal marina me escuece los ojos- dijo-. No es nada-. Y al cabo de un momento, mientras se descubría pensando en Imago Messano y en el mejor camino para subir desde el embarcadero hasta su mansión, añadió- : Continúa Himilice, por favor. Cuéntame qué más cosas has descubierto que sean verdad...
(y así fue como Sapaníbal y yo nos la pelamos! al mismo tiempo)
Este fragmento de "Aníbal: el orgullo de Cartago" no pudo explicar mejor lo que yo quería decir y callé, lo que estaba sintiendo desde hace un par de meses, lo que presentía ya, pero no me atreví a evitar.
Hoy me he quedado sin palabras propias. Con una sensación de vacío en el estómago, un par de ojos nublados por lo que parece es el intento de una que otra lágrima para salir y dejarse ver, un nudo en la garganta y una decisión que aún no me atrevo a tomar.
Soy tan cobarde que no me atrevo a poner un punto final en esta entrada y me quedaré con los puntos suspensivos de SIEMPRE...
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